lunes, 20 de agosto de 2012

El diario parisino de Alejandra Pizarnik


Esto me está quemando las manos. Hace una semana que mi estómago alborotado se niega a ingerir algo que no sea café con leche y unos mordiscos de pan. Pero no sé qué hacer. No sé a quién dirigirme. No quiero traicionar a mi voz rebelde llevando esto a una editorial X. El problema es que para mí todas las editoriales son X porque nunca fundé una con cuatro amigotes. ¿Por dónde empiezo? Lo escupo sin más: tengo lo que parece ser el diario parisino de Alejandra Pizarnik. Supongo que debería contactar con algún filólogo de esos que se saben la prensa rosa de los escritores muertos. Porque yo no puedo dar fe. No soy ninguna experta, vamos. Pero mi intuición dice que es verdad. La persona que me lo dio no tenía ninguna razón para inventárselo. ¡Fue tan increíble! Tuve que ir una semana a París, por un curso, y me quedé unos días en Clermont-Ferrand, en casa de los parientes de una amiga mexicana que vive en Barcelona. Bueno, en fin, les ahorro los datos irrelevantes. La cuestión es que un día me levanté temprano y me fui a tomar un café y un croissant de jamón y queso al bar de la estación. Saqué mi libretita azul, como suelo, para apuntar alguna pelotudez que por la mañana me parece la punta de un hilo para un cuento y luego ahí se queda. Y en eso se me metió un pedazo de jamón entre las dos últimas muelas. Creo que tengo una caries justo ahí, entre las muelas, porque siempre se me meten restos de comida y me atosigan todo el santo día. Total, que sentí que era impensable afrontar todo el día que tenía por delante con aquella cosa entre los dientes. Eché un vistazo rápido a mi alrededor y comprobé que nadie me miraba: la pakistaní (digo yo que sería pakistaní, me refiero a un pibón de unos veintiséis años, pelo negro liso, ojos castaños y tetas levantadas con push up), la presunta pakistaní, pues, estaba pasándole un trapo al piripicho de la máquina de café que se usa para echarle vapor a la leche, y que quizás tenga un nombre que lo designe. Los dos sesentones gordos y canosos estaban afuera fumando un puro, y la mujer con el cochecito de bebé también había salido a fumar (qué flaca y demacrada estaba, llevaba fatal la maternidad). Nadie me miraba, así que sin más preámbulo busqué en mi cabellera el pelo más fuerte y largo, lo arranqué de un tirón, y me dispuse a usarlo como improvisado hilo interdental. Efectivamente, bastó con pasarme el pelo una vez entre las muelas para que un pedacito de jamón saliera proyectado y acabara aterrizando… en una mano arrugadísima que alguien apoyaba en la silla que acompañaba mi mesa. Alcé la vista horrorizada. Nunca había deseado con tanta fuerza que me tragara la tierra, ni siquiera cuando el padre Richiero me pilló in fraganti con la mano en la bragueta de Federico Arazategui, en plena Misa de Gallo. Pero esa es otra historia. La mano arrugada me recordó a la de mi abuela Mami, solo que esta era más rechoncha. Pero tenía las mismas manchas perfectas y la misma consistencia entre acolchada y vacía. Parece contradictorio pero así son las manos de las abuelas. Al menos las de las abuelas mías. Gordas de un lado y vacías del otro. Podía pasar horas pellizcando la piel de la mano de mi abuela Mami y dejando que lentísimamente la piel fuera regresando a su sitio, aunque nunca regresara del todo y siempre quedara una cresta en el lugar por donde yo había estirado. El pedacito de jamón cayó encima de una mano como esa y el violín del ridículo se mezcló con una incomprensible sensación de seguridad. Supe, antes de alzar la vista, que no encontraría gesto reprobatorio alguno. Esa mano era la mano de una abuela. Puse mi mejor cara de chiquilina (todo lo contrario del gesto desafiante que precedió mi expulsión del colegio de Los Maristas) y terminé el trayecto hasta los ojos que me aguardaban.
Era una señora de melena blanca y lisa recogida sin cuidado, que me miraba con unos ojitos brillantes y dos puños por mejillas.
-Alguien que quise mucho solía mondarse los dientes con el pelo, igual que usted- me dijo, y, con toda naturalidad, se llevó la mano a la boca y se comió el pedacito de jamón, al tiempo que separaba la silla y se disponía a sentarse a mi mesa. Supe que esa mañana ya no iría a mi clase, ni a ninguna parte.
(me tengo que ir pero creo que continuará)


lunes, 6 de agosto de 2012

G - L - O - R - I - A !

Recull de percepcions (de moibear):

 

sábado, 28 de julio de 2012

Sirenas, sillones y cruasanes

«Ahora todos saben cómo encontrar el sentido de la vida dentro de uno mismo. Pero la humanidad no siempre fue tan afortunada. Hace menos de un siglo los hombres y las mujeres no tenían fácil acceso a las cajas de rompecabezas que llevan dentro.» (Kurt Vonnegut, Las Sirenas de Titán)

Las sirenas eran pájaros con cara y tetas, que atraían a los marineros para devorarles las entrañas. Aves que ocultaban sus garras bajo una promesa sensual. Cuesta pensar en aves y en sensualidad al mismo tiempo. Quizás por eso la leyenda las convirtió en mamíferos, cambiando plumas por pulpa y chillidos por canto dulce.
Las sirenas modernas tienen sexo y se engañan creyendo que la promesa puede consumarse. Como si pudieras comerte el olor caliente que sale de las panaderías. Podés comerte todos los cruasanes y todas las hogazas, pero el olor seguirá ahí, inasible, del otro lado de vos.
Las sirenas modernas ofrecen su sexo voraz y entregado, una vez, y otra, y otra más, atrayendo a los treintañeros a los sillones de la rutina.
Y a los treintañeros les devora las entrañas una insatisfacción omnipresente y vaga. Prueban sirenas como quien muerde cruasanes. Se apalancan, hasta que se despiertan para escuchar otro canto que los vuelve a apalancar. El único sillón capaz del orgasmo definitivo es la mortaja.
Bucear sin miedo, y salir, y volver a bucear y volverse a ir (y volver). Pero sin agenda. En el arrebato programado late la mugre de lo cotidiano.
Tenemos que salir a llenar de espray las paredes y de poemas las hojas de los árboles. Tenemos que darle una paliza a más de un amigo que la anda necesitando. La moral es la retórica de los idiotas. Y de los cobardes. Es preciso abolirles el miedo con el ejemplo. Le temo menos a la caída libre que a los sillones.

sábado, 7 de julio de 2012

Bébeme

Bébeme 


La libertad de estar sentada escribiendo sin objetivo, olvidando que hay que comer, y de pensar que el primer compromiso con el mundo es el de ser libre de transitar los senderos que se aparecen como a Alicia se le aparecían las pociones que decían "bébeme"·.
Hoy me sacudí el puritanismo. Amigos de lo inútil se llamaría mi banda de rock, si la tuviera.
Practicar lo infecundo es un ejercicio de militancia.

domingo, 17 de junio de 2012

¡Albricias!

El número 0 salió en el 2005, si mal no recuerdo. El número 1, en el 2006 (estoy segura). El 2, hace unos meses, y ahora se viene el Percepcions número 3. Atención lectores y colaboradores (que probablemente sean los mismos) uruguayos y argentinos: el pdf será colgado a su debido tiempo (es decir, cuando lo encuentre).
Mucha fotocopia y poca fiesta, se quejaban los lectores ibéricos, y atenderemos a su reclamo el próximo miércoles antes de que se ponga el sol. Nos adelantamos un día al solsticio porque después estaremos muy ajetreados con tránsitos planetarios y fiestas del fuego varias.
¡Albricias! 7 años dando portazos a las puertitas de la percepción.
  

martes, 5 de junio de 2012

jueves, 31 de mayo de 2012

"¡Salta, valiente!"


Acabo de ver otra de esas reseñas que te dan ganas de retirarte a vivir en las montañas, lo más lejos posible de esa especie parásita que se nutre de la valentía ajena para existir. No, no me refiero a los críticos de arte sino a los listillos que creen serlo, que es distinto.
Jaime Pena, enviado a Cannes desde España, habla de Pablo Stoll en lugar de hablar de 3, la película. Yo pensaba que estaba en la tapa del manual del buen crítico de ficción aquello de limitarse a hablar de la obra y no de la biografía (vinculándola con la totalidad de la obra del artista y con la tradición en la que se inscribe y bla, bla, bla, por supuesto, pero jamás con la muerte de su perro cuando el director contaba solo diez años, o con el suicidio de su compañero de tablas).  ¿”Fantasmas”? ¿”Compasión”? ¿”No se siente seguro”? El texto parece más un artículo para la Revista de Psicología Positiva de Jorge Bucay que una reseña de un enviado especial a Cannes. La próxima vez, que me manden a mí, que vivo más cerca y tengo un vestido de fiesta todo escotado que se me está apolillando en el ropero.

No es la primera vez. El suicidio de Rebella es utilizado sistemáticamente como excusa, más o menos explícita, para sustuir la labor crítica por pseudo-psicología pública.
Hace unos años salió una reseña inclemente sobre “Hiroshima”. Una reseña que se basaba en su biografía pública y no en las características de la película.  El autor del texto creía manejar criterios cinematográficos, quizás porque era capaz de identificar lo que es un fundido a negro, o contar los minutos de un plano secuencia, pero  el textito de marras incluía perlas tales como el párrafo que transcribo:

Mucho se esperaba de la nueva película de uno de los dos directores que formaron aquel tándem que logró hacer trascender a cotas universales hace unos años el cine uruguayo y que volvía reiteradamente con las manos llenas de premios de cada Festival al que acudía; una pareja que se deshizo de la más trágica de las maneras con el suicidio de uno de sus miembros, Juan Pablo Rebella, para muchos -y algo de razón han de tener- el "bueno" de la pareja, el creativo; el genio. Porque con el suicido de Rebella parece que también murieron las ideas, inmoladas, al menos las buenas, las de antaño, las de la ironía cáustica y el sarcasmo desesperanzado de “25 watts” (revisión de un existencialismo cáustico de juventud urbana que Nani Morretti había iniciado en “Ecce Bombo” así como Reijman en “Rapado” y Kevin Smith en “Clercks”) o las de la poética humanística del fracasado, del pobre hombre, en "Whisky". Pero aquí no, en “Hiroshima” no hay nada de eso, nada de originalidad, nada de reflexión, nada de desesperanza social; 

Además de estar escrita con una prosa pesada y llena de lugares comunes, se trata de una crítica tremendamente cobarde, disfrazada de valiente. Mientras Jaime Pena (el de la reseña de 3) se hace el compasivo, el anónimo autor de la reseña de Hiroshima se hace el valiente y el erudito (y a su erudición le falta, por ejemplo, citar “Permanent Vacation”, de Jim Jarmusch, más explícita –y quizás por eso más panfletaria- en su “desesperanza social”). Un buen crítico identifica el proyecto estético del artista y, si le parece que tal o cual estrategia o técnica no funciona, lo explica con argumentos. Por eso, un buen crítico, aunque sea duro, contribuye a la labor creativa de los artistas. Un mal crítico solo contribuye a su propio ego, al cotilleo, y en la mayoría de los casos, a su dipsomanía por cuenta ajena.

Lo verdaderamente bueno, lo valiente, es crear. Crear conexiones nuevas, en el caso del crítico, y crear a secas, en el caso del artista. Crear arriesgándose, no repitiendo fórmulas. Eso es lo que hace Stoll.  

Si aún tienen tiempo de seguir leyendo, acá les dejo un par de textos sobre crítica cultural. El primero es de una película de Disney. Sí, como lo leen. A mí si una reflexión me parece acertada, no necesito que esté firmada por un intelectual reconocido. El segundo es de W.H.Auden, pero lo que vale es lo que dice, no el nombre. 

De Ratatouille:
“En muchos sentidos, la labor del crítico es sencilla: arriesgamos poco pero tenemos poder sobre quienes ofrecen su trabajo y su persona a nuestro juicio. Prosperamos con la críticas negativas, que son divertidas de escribir y de leer, pero la triste verdad que debemos enfrentar los críticos es que, al final, cualquier creación, por mala que sea, tiene mucho más valor que la crítica que la condena.
Hay ocasiones en las que el crítico realmente se arriesga, al descubrir y salir en defensa de algo nuevo. El mundo suele maltratar el nuevo talento, la nueva creación....”

De “Leer”, ensayo de Auden:
“¿Cuál es la función del crítico? A mí, personalmente, puede hacerme uno o más de los siguientes servicios:
1. Presentarme obras o autores que antes yo desconocía.

2. Convencerme de que una lectura descuidada me ha hecho subestimar una obra o un autor.

3. Mostrarme relaciones entre obras de diferentes épocas históricas y culturales, relaciones que mis escasos conocimientos no me permitieron, ni me permitirán, ver por mi cuenta.

4. Presentar una «lectura» que ahonde mi comprensión de la obra.

5. Arrojar luz/sobre la «factura» artística.

6. Arrojar luz sobre la relación del arte con la vida, la ciencia, la economía, la ética, la religión, etc.

Los primeros tres servicios exigen erudición. No es suficiente tener muchos conocimientos; para ser llamado así, el erudito debe tener conocimientos útiles a los demás [...] [agrego yo que no es lo mismo “erudición” que una buena búsqueda en google. La segunda solo arrojará conexiones que otros ya hayan hecho, nada nuevo que aportar]  


Aupa, gracias por bancarme la bronca.

Y para rematar, una canción de Lou Reed:



La dizque reseña de 3:


miércoles, 30 de mayo de 2012

Tu vas pas mourir de rire



Un poquito de chisbúm de Mickey 3D para estudiar francés.

Il faut que tu respires...


Un peu comme les fourmis... oh, oh, oh...


domingo, 29 de abril de 2012

Violencia en tres estilos

http://youtu.be/wn9zA5tcp3w

Ahí viene bajando San Jimmy, del callejón a la avenida, como una tumbera en un desfile militar. Una silueta a contraluz, un subversivo, y viene hacia vos a la de 1,2, a la de 1, 2, 3, 4.
My nombre es Jimmy y no lo pronuncies en vano, soy el comando suicida del que te habló tu mamá, el jefe de los 40 ladrones, y vengo en representación de la aguja en la vena del sistema.
Soy el santo patrón de la negación, con cara de ángel e inclinación al suicidio.
Cigarros y fideos y una bolsa de pasta base. Soy el hijo de una puta con Edgar Allan Poe. Crecí en una ciudad bajo un halo de luz, producto de la guerra y del miedo a haber sido victimizados.
Soy el santo patrón de la negación, con cara de ángel e inclinación al suicidio
¿Me hablás a mí? Te voy a dar una razón para gritar:
¡San Jimmy!
Mi nombre es San Jimmy y soy el hijo de una pistola, soy el que está fuera del camino. Soy un adolescente asesino ejecutando mi diversión en el culto a la vida criminal. Me jode recordártelo pero ya te lo dije, así que cerrá el pico, viejo, si no querés que te mate. Bienvenido al club, queremos algo de sangre, acá yo soy el líder de los seres perdidos.
Es comedia y es tragedia, es San Jimmy y ese es mi nombre. No lo pronuncies en vano.



Vengo de la cabeza* (drogado), soy una banda descontrolada. Hoy no me cabe nada, vas a correr porque sos cagón. Son todos unos putos, unos amargos, unos buchones* (chivatos), llaman a los botones* (los maderos), vinieron todos, se quedan dos. Hoy vas a correr, porque sos cagón, con el culo roto, porque mando yo. Voy a salir de caño, ya estoy re duro, estoy re pasado, como ya estoy jugado me chupa un huevo matarte o no. Mi vida es un infierno, mi padre es chorro, mi madre es puta, vos me mandás la yuta* (la poli) y yo te mando para el cajón. Yo soy el error de la sociedad, soy el plan perfecto que ha salido mal.
Vengo del basurero que este sistema dejó al costado, las leyes del mercado me convirtieron en funcional. Soy un montón de mierda brotando de las alcantarillas, soy una pesadilla de la que no vas a despertar. Vos me despreciás, vos me buchoniás, pero fisurado* (con mono) me necesitás. Soy parte de un negocio que nadie puso y que todos usan, en la ruleta rusa yo soy la bala que te tocó. Cargo con un linaje acumulativo de mishiadura* (pobreza), un drama que supura veneno de otra generación. Yo no sé quién soy, yo no sé quién sos, el tren del rebaño se descarriló.
Ya escucho la sirena, la policía me está encerrando, uno me está tirando, me dio en la gamba* (pierna) y le di a un botón. Pasa mi vida entera como un tornado escupiendo sangre. ¡Manga* (sarta) de hijos de puta, me dieron justo en el corazón!   






¿Qué vas a hacer? ¿Darle al pibe una pistola? Después no habrá donde esconderse, no habrá adonde escapar.
Cuando la tenga en sus manos, se sentirà fuerte y poderoso, y no habrá donde esconderse, no habrá adonde escapar.
Capaz que un día vuelve, y nos paga con la misma moneda. ¿Y dónde te vas a esconder? ¿Adónde te vas a escapar?
Pero un buen día, todos nuestros problemas terminarán porque, bang, bang, bang, lo bajaremos de un tiro.
Dale drogas y caramelos, cualquier cosa que lo haga sentirse contento, y así no vendrà a por nosotros, nunca vendrá.
Pero si viene, y no hay nadie en la vuelta, bang, bang, bang, lo bajamos de un tiro.
Si solo se mete con sus vecinos, con sus hermanos y sus amigos, lo consideraremos un favor, lo consideraremos justo.
Pero si viene a por vos o a por mí y le podemos poner una pistola en la mano, bang, bang, bang, lo bajamos de un tiro.
¿Qué vas a hacer? ¿Darle al pibe una pistola? Después no habrá donde esconderse, no habrá adonde escapar.
Estaremos a su merced si decide venir a por nosotros, porque no hay donde esconderse, no hay adonde huir. Va a querer las oportunidades que le robamos, no las cosas que tenemos, así que no habrá donde esconderse, no habrá adonde huir.
Y si se ve a sí mismo como un reflejo de todos nosotros, bang, bang, bang, nos bajará de un tiro.
Antes de que puedas levantar la vista para leer la pintada en la pared, bang, bang, bang, nos bajará de un tiro.
Antes de que puedas tender un puente y ofrecerle un abrazo, bang, bang, bang, te va a bajar de un tiro.

lunes, 16 de abril de 2012

TALLER LITERARIO

(Un cuento de Etgar Keret. Ilustración de Anna Quintana)


El primer cuento que escribió Maya era sobre un mundo en el cual las personas se desdoblaban en lugar de reproducirse. En ese mundo cualquier persona podía, en cualquier momento, convertirse en dos seres, cada uno con la mitad de años del original. Había quienes elegían desdoblarse mientras eran jóvenes; por ejemplo, una persona de dieciocho años podía transformarse en dos niños de nueve. Otros elegían esperar a estar establecidos a nivel profesional y económico, y se desdoblaban cuando ya habían alcanzado la mediana edad. La protagonista del cuento de Maya nunca se había desdoblado. Había cumplido ochenta años y, a pesar de la constante presión social, persistía en su decisión. Al final del cuento, se moría.
El cuento era bueno, exceptuando el final. Había algo deprimente en el final, pensaba Aviad. Deprimente y predecible. Pero de hecho, el final había recibido muchos elogios en el taller literario al que Maya estaba asistiendo. El profesor, que se suponía era un escritor conocido aunque Aviad nunca había oído hablar de él, le había dicho a Maya que había algo desgarrador en la banalidad del final, o alguna tontería por el estilo. Aviad se dio cuenta de cuánto había alegrado a Maya el cumplido. Estaba muy entusiasmada cuando se lo contó a Aviad. Repitió lo que el escritor le había dicho como si fuera palabra de Dios. Y Aviad, que al principio había intentado sugerir otro final, se retractó y dijo que todo era cuestión de gustos y que él no entendía mucho de esas cosas.
Lo de apuntarse a un taller literario había sido idea de su madre. Al parecer, la hija de una amiga se había apuntado a uno y le había encantado. También Aviad había pensado que a Maya le vendría bien salir un poco de casa, hacer algo con su vida. Él siempre podía refugiarse en el trabajo pero Maya apenas si salía de casa desde que había perdido el embarazo. No importaba la hora a la que llegara, Aviad siempre la encontraba en la sala, sentada erguida en el sofá, sin leer, sin mirar la tele, sin siquiera llorar. Cuando Maya dijo que no sabía si apuntarse en el taller, Aviad supo cómo convencerla. Ve a una clase a ver qué tal, dijo, como si fueras un niño que va de colonias por un día para probar. En seguida se dio cuenta de que había tenido poco tacto al poner el ejemplo de un niño, habiendo pasado por lo que habían pasado dos meses antes. Pero, de hecho, Maya sonrió y dijo que unas colonias podrían ser justo lo que estaba necesitando.
El segundo cuento que escribió iba de un mundo en el cual solo podías ver a la gente que amabas. El protagonista era un hombre casado que estaba enamorado de su esposa. Un día, su esposa se chocaba con él en el pasillo y el vaso que él sostenía se caía y se hacía añicos contra el suelo. Unos días más tarde, él estaba sesteando en el sofá y ella se le sentaba encima. En ambas ocasiones la mujer se excusaba, nerviosa: venía distraída, pensando en otra cosa; no había mirado antes de sentarse. Pero el marido empezaba a sospechar que ella ya no lo quería. Decidía hacer algo drástico para ver si estaba en lo cierto: se afeitaba el lado izquierdo del bigote y se presentaba en casa con medio bigote y un ramo de narcisos. Su esposa le agradecía las flores y sonreía. Él se daba cuenta de cómo ella tanteaba el aire al tratar de darle un beso. Maya tituló su cuento Medio bigote, y le contó a Aviad que cuando lo leyó en el taller a algunos compañeros lloraron. Aviad dijo ¡guau! y le dio un beso en la frente. Esa noche discutieron por alguna tontería. Ella se había olvidado de darle un recado, o algo así, y él le gritó. La discusión había estallado por culpa de él y al final él se disculpó. Tuve un día de mierda en el trabajo, dijo, y le acarició la pierna intentando resarcirse de su berrinche. ¿Me perdonas? Ella lo perdonó.
El profesor del taller había publicado una novela y un libro de cuentos. No habían tenido mucho éxito, pero sí un par de críticas elogiosas. Al menos eso le dijo a Aviad la dependienta de la librería que había cerca de su oficina. La novela era un tocho de seiscientas veinticuatro páginas. Aviad se compró el libro de cuentos. Lo dejó sobre su escritorio e intentó leer un poco en su hora de comer. Cada uno de los cuentos tenía lugar en algún país extranjero; se ve que era una especie de guiño. El texto de la contracubierta decía que el autor había trabajado muchos años como guía turístico en Cuba y en África y que se notaba la influencia de sus viajes en su prosa. También había una pequeña foto en blanco y negro del autor. Tenía la sonrisa petulante de quien se siente afortunado de ser quien es. El escritor le había dicho a Maya que cuando acabara el taller le enviaría a su editor los cuentos que ella había escrito. Y, aunque no debía hacerse muchas ilusiones, hoy en día los editores van desesperados por encontrar nuevos talentos.
El comienzo del tercer cuento de Maya era chistoso. Era sobre una mujer que daba a luz a un gato. El protagonista era el marido, que sospechaba que el gato no era suyo. Un gato gordo y rojizo que dormía en la tapa del contenedor, justo debajo de la ventana del dormitorio, le dirigía miradas condescendientes cada vez que éste bajaba a sacar la basura. Al final había una reyerta entre el marido y el gato. El marido le tiraba una piedra al gato y el gato contraatacaba mordiendo y arañándolo. El marido herido, su esposa, y el gatito, que estaba tomando teta, iban al médico a que le dieran la antirrábica al primero. Él se sentía humillado y le dolía, pero se esforzaba por no llorar en la sala de espera. El gatito, percibiendo su sufrimiento, se zafaba de los brazos de su madre y se acercaba al hombre a lamerle la cara con ternura y a consolarlo con un Miau. ¿Has oído eso? preguntaba la madre emocionada, ha dicho papá. Entonces, el marido ya no podía reprimir el llanto. Y, cuando Aviad leyó esa parte, también tuvo que hacer un esfuerzo por no llorar. Maya dijo que había empezado a escribir el cuento antes de saber que estaba embarazada otra vez. ¿No es extraño? preguntó, ¿cómo mi cerebro no lo sabía aún pero mi subconsciente sí?
El martes siguiente Aviad, que había quedado de recoger a Maya a la salida del taller, llegó media hora antes, estacionó en el parking y fue a buscarla. Maya se sorprendió de verlo entrar a la clase, y él insistió en que le presentara al escritor. El escritor apestaba a colonia. Le dio una mano fofa a Aviad y le dijo que si Maya lo había elegido como esposo debía de ser una persona muy especial.
Tres semanas más tarde, Aviad se apuntó a un taller de escritura para principiantes. No se lo dijo a Maya y, para cubrirse, le dijo a su secretaria que si recibía alguna llamada dijera que estaba en una reunión importante y que no se lo podía interrumpir. Los otros asistentes eran principalmente señoras jubiladas que le echaban miradas lascivas. La profesora, joven y delgada, llevaba un pañuelo en la cabeza, y las mujeres de la clase cuchicheaban acerca de ella –que si era una colona de los territorios ocupados, que si tenía cáncer...- Les puso un ejercicio de escritura automática. Escriban lo primero que les venga a la mente, dijo. No piensen, simplemente escriban. Aviad intentó no pensar. Era muy difícil. Las señoras se pusieron a escribir como poseídas, como un estudiante que escribe a contrarreloj para acabar un examen antes de que el profesor anuncie que se ha acabado el tiempo. Pasados unos minutos, él también empezó a escribir.
El cuento que escribió iba de un pez que estaba nadando alegremente en el mar cuando una malvada bruja lo convertía en hombre. El pez no lograba adaptarse a la transformación y decidía buscar a la bruja y hacer que lo convirtiera en pez otra vez. Como era un pez muy listo y emprendedor, se las arreglaba para casarse mientras buscaba a la bruja, y hasta para abrir una pequeña empresa de importación de productos plásticos. Gracias a la enorme sabiduría que había adquirido cruzando los siete mares cuando era pez, la compañía empezaba a crecer y entraba en bolsa. Mientras tanto, la malvada bruja, que estaba un poco cansada después de tantos años de maldad, decidía buscar a todos aquellos a quienes había hechizado para pedirles perdón y regresarlos a su estado original. En un momento dado iba a ver al pez al que había convertido en hombre. La secretaria del pez le decía que tenía que esperar a que acabara una reunión con sus socios de Taiwán. A esas alturas, el pez casi no recordaba que en realidad era un pez, y su empresa tenía el monopolio de medio mundo. La bruja esperaba varias horas, pero cuando se daba cuenta de que la reunión iba para largo, se subía a su escoba y se marchaba volando. Al pez le iba cada vez mejor, hasta que un día, cuando ya era muy viejo, miraba por la ventana de una de las docenas de edificios que había comprado en una transacción muy provechosa, y veía el mar. Y de repente se acordaba de que era un pez. Un pez muy rico que controlaba un consorcio enorme con acciones en empresas de todo el mundo, pero un pez. Un pez que llevaba años sin probar la sal del mar.
Cuando la profesora vio que Aviad había parado de escribir, lo miró con expresión inquisitiva. No tengo el final, se disculpó en un susurro, para no molestar a las señoras que todavía estaban escribiendo.
(Lo traduje del inglés Creative Writing. El original está en hebreo)

lunes, 2 de abril de 2012


Autorretrato ante Dios:

Arteeee:
Todos somos Jack:
Bélgica parece Montevideo:

Dizque cariátides vestidas por la abuela Nelly:
Bello:
Cacheo:
Compostura:

Cremallera:
Entre Goya y el Bosco:
¿A qué película sci-fi me recuerda?
Esos diálogos que llenan las esquinas:
Funambulista:
Ah, look at all the lonely people::
Ganas de tocar:
Eso que nos pasa todo el tiempo con los propósitos de vida:
En movimiento:
Hielo somos:
Ibarrola reloaded:
Insert Park:
Interesante, uhum:
¿Califica como land art? Me encantaaaaa:
Belleza naive (pal que la encuentre) (hay algo tranquilizador en la geometría) :
Largentina:
Más belleza:
Lo peor es la luz:
Los ojos de Kamaid:
Mind the chasm *
  • * 1 a deep fissure.
  • * 2 a profound difference between people, viewpoints, feelings, etc.
Algo parecido hay que hacer en Cavallers:
Papá
Què heu fet?

Acá como presentación (se agranda haciendo click en el cuadradito con cuatro flechas que está abajo, a la derecha):


domingo, 8 de enero de 2012

Tango que me hiciste mal...


La pinche Heidi metida a columnista, quién lo habría dicho. Pero es que yo soy así, lo mismo te frío un botón que te coso un huevo. Ahora resulta que para escribir hay que ser "Homo sampler", hacer lo que a uno le echen, vamos. Total, que me encargaron una columna. La seria se las ahorro, que no aporta nada. Pero ésta, acá se las dejo, a pedido de gawrsh! y dedicada a laureleh, por haberme prestado la compu.
(Todo es una excusa para poner la foto de la pollerita que tejí, para que vean que pedazo de dona sampler estoy hecha).

Nombre del espacio semanal: Quien lo entienda que me avise
Columnista: Johnny Mentero
26 de noviembre de 2011.

(Dibujante de cómic, bloguero y guionista de cine, sin filiación política conocida, con columna en un diario impreso pero de distribución por suscripción, con dos años de existencia)

Tango que me hiciste mal y sin embargo te quiero

Me gustó lo de Mujica ayer. Un valorazo, el hombre. Cuando acabe el mandato se podría dedicar a escribir tangos. Si no sabe de música, no importa, le buscamos a alguien en el Ministerio de Cultura que se la componga y así él se puede dedicar a las letras, que son lo suyo. Las letras de tango, ojo. Las Letras con mayúsculas son para los burgueses, ya se sabe.
Me gustó porque el tipo te habla de igual a igual, pero no. De igual a igual porque él también sabe lo que es el sacrificio y la militancia; pero no, de igual a igual, no, porque él sabe lo que es el sacrificio y la militancia mejor que nadie.
Cuenta la prensa rosa que en la última cumbre de mandatarios latinoamericanos Mujica tuvo un altercado con su esposa. Al parecer, la primera dama le hizo ojitos al presidente Hugo Chávez durante la cena de clausura. Mujica mantuvo la compostura durante la gala pero al llegar al hotel los gritos se escucharon desde la recepción. “Mirá, percanta, no te atravieso porque yo durante la dictadura aprendí a perder. Y además, en el fondo te entiendo, yo si fuera mina también le arrastraría el ala… qué porte, qué parla, qué uniforme.”
Claro que lo de arriba es la versión oficial. Pero yo tengo un amigo -al que también llaman Pepe, fíjense qué coincidencia- que se fue a Brasil a laburar de camarero y justo está trabajando en el hotel de marras. Él me contó la posta. Parece que la Topolanski no le hizo ojitos a Chávez sino al mismísimo Lula da Silva, y la discusión no fue privada sino un acto político. “Como primera dama”, le dijo el Pepe a la Topolanski en plena recepción del hotel, “no te permito que le dragoniés a un presidente que día sí, día también, se anda vendiendo al imperio. Señorita, me cambia de habitación, que esto es una cuestión de política internacional.”
Como sea, un valorazo el Pepe. Si recibe alguna crítica del MIDES, ya se sabe, es que las técnicas son pebetas jóvenes, con mucho estudio y poca calle, sin sentido del humor. Los Ministerios son un mal que hay que tolerar. Algo así como la suegra, o Peñarol, o la violencia de género. El diablo sabe más por viejo que por diablo, ya se sabe.