sábado, 18 de mayo de 2013

Be a sadist

  1. Use the time of a total stranger in such a way that he or she will not feel the time was wasted.
  2. Give the reader at least one character he or she can root for.
  3. Every character should want something, even if it is only a glass of water.
  4. Every sentence must do one of two things — reveal character or advance the action.
  5. Start as close to the end as possible.
  6. Be a Sadist. No matter how sweet and innocent your leading characters, make awful things happen to them-in order that the reader may see what they are made of.
  7. Write to please just one person. If you open a window and make love to the world, so to speak, your story will get pneumonia.
  8. Give your readers as much information as possible as soon as possible. To hell with suspense. Readers should have such complete understanding of what is going on, where and why, that they could finish the story themselves, should cockroaches eat the last few pages.

lunes, 29 de abril de 2013

¿Qué eres tú pensando?

"Poco antes de irnos, ella fue al baño y al volver me sorprendió cavilando en la mesa: . –¿Cuál es el problema con tú? –me preguntó en inglés–. ¿Qué eres tú pensando? –Nada –respondí–. Pensaba en este frío maldito que estropea cicatrices...

   Pero mentí: yo había pensado en aquel frío sólo por un instante. Después había mirado la calle que se orientaba hacia la nada, y había tratado de imaginar qué andaría haciendo la poca gente que, de cuando en cuando, producía breves interrupciones en la constancia de aquel paisaje urbano vacío. Toqué el cristal helado; olí los bordes de la copa verde de ella para reconocer su olor, y volví a pensar en las figuras que iban pasando tras los cristales, esfumadas por el vapor humano de la pizzería. Entonces quise saber por qué cualquier humano desplazándose por esas calles, siempre me parecía encubrir a un terrorista irlandés, llevando mensajes, instrucciones, cargas de plástico, equipos médicos en miniatura y todo eso que ellos atesoran y mudan, noche por medio, de casa en casa, de local en local, de taller en taller, y hasta de cualquier sitio en cualquier otro sitio. "¿Por qué?" –me preguntaba" ¿Por qué será?" Trataba de entender, mientras mi bella Muchachita estaría cerquísima pishando, o lavándose con agua tibia, y cuando apenas tironeé del hilito de la tibieza de su imagen, estalló en mil fragmentos una granada de visiones y asociaciones íntimas, intensas, pero por rúas, por argentinas y por inconfesables, poco leales hacia ella. ¿Hay Dios? No creo que haya Dios, pero algo o alguien me castigó, porque cuando advertí que estaba siendo desleal e innoble con mi Muchachita Punk y sentí que empezaba a crecer en mi cuerpo –o en mi alma–, la deliciosa idea del pecado, cruzó por la vidriera la forma de un ciclista, y lo vi pedalear suspendido en el frío y supe que ése era el hombre cuyo falso pasaporte francés ocultaba la identidad del ex jesuita del IRA que alguna vez haría estallar con su bomba de plástico el pub donde yo, esperando algún burócrata de BAT, encontraría mi fin y entonces cerré los ojos, apreté los puños contra mis sienes y la vi pasar a ella apurada por la vereda del pub, zafé de allí, corrí tras ella respirando el aire libre y perfumado de abril en Londres, y en el instante de alcanzarla sentimos juntos la explosión, y ella me abrazaba, y yo veía en sus ojos –dos espejos azules que ese hombre que rodeaban los brazos de mi Muchacha Punk no era más yo, sino el jesuita de piel escarbada por la viruela, y adiviné que pronto, entre pedazos de mampostería y flippers retorcidos, Scotland Yard identificaría los fragmentos de un autor' que jamás pudo componer bien la historia de su Muchacha Punk. 

    Pero ella ahora estaba allí, salía del texto y comenzaba a oír mi frase: ' –Nada... pensaba en este frío maldito que arruina cicatrices... –oía ella.

   Y después inclinaba la cabeza (¡chau irlandeses!), me clavaba sus espejos azules y decía "gracias", que en inglés ("agradecer tú", había dicho en su lengua con su lengua), y en el medio de la noche inglesa, me hizo sentir que agradecía mi solidaridad; yo, contra el frío, luchando en pro de la consevación de su preciosa cicatriz, y que también agradecía que yo fuera yo, tal como soy, y que la fuera construyendo a ella tal como es, como la hice, como la quise yo."

Uno de los fragmentos de Fogwill (de Muchacha Punk, 1992) 

sábado, 23 de febrero de 2013

Que retrobi la memòria

Como bien dice sokon, atenti al punto de inflexión.
Yo cierro el video cuando deja de cantar (más o menos cuando sale Chávez).


miércoles, 20 de febrero de 2013


En casa no se hablaba de mi abuelo paterno. Creo que una vez vi una foto suya, pero no puedo recordar dónde ni cuándo. Las fotos que recuerdo son las de mi abuela. En muchas faltaba un trozo. Ni siquiera estaban cortadas, estaban rasgadas. Mi abuela con mi padre de bebé, mi abuela con sus dos hijas mujeres, los tres hijos de mi abuela juntos, sentaditos ordenadamente en una manta. De mi abuelo no dejaron ni el rastro de un dedo o un codo.
Justo cuando empezaba a hacer preguntas me topé con un objeto inesperado. No se trata de un objeto íntimo, ni de un hallazgo en un baúl, no. Encontré un libro en la Feria del Libro de Montevideo. Habí tenido cierta resonancia y estaba prologado por Benedetti, pero no estaba expuesto en la sección destacada ni mucho menos, no era ninguna novedad editorial. Sucede que por ese entonces, influida por el gusto literario de mi padre, yo leía vorazmente novela negra y policial. Y esta era una novela policial uruguaya. Aparentemente era una “historia real” y el protagonista se llamaba como mi padre, un nombre nada frecuente: Tomás Bismark Font.
Cuando mi padre lo vio, se limitó a preguntar:
−¿De dónde sacaste eso?
−De la Feria del Libro.
Le dio la vuelta, miró la contratapa, pero ni siquiera la leyó.
−Y se lo prologa Benedetti. Hay que joderse.
−¿Lo leíste?
−No.
−¿No?
−Lo empecé. No vale la pena.
−Pero habla de tu padre.
−No. Lo escribió un pituco sin imaginación que se cree que a los lumpen se les puede robar hasta el nombre.

Nadie puede hablar más que por sí mismo. Y siempre es mentira aquello de que todo parecido con la realidad es pura coincidencia. ¿Cómo no te vas a inventar nombres si te estás inventando un personaje?
Ah, por cierto, el padre de mi padre se suicidó tirándose debajo de un tren cuando mi padre tenía once años. Y eso sí es verdad.


jueves, 24 de enero de 2013

La belleza y el horror

La belleza:
El horror:
Yo iba en ese coche. Iba sola, no me choqué contra nadie y estoy ilesa.
Yo no iba en esa barca, pero he ido en barcas similares. A mí esto me parece una certera metáfora de la vida (eso de quedarte, cuando pasa tanta fuerza y tanta belleza, preguntándote qué carajo fue eso) y de los amigos/encuentros fugaces/instantes de belleza (cada uno, una bandada de estorninos que te danza enfrente y una ya no puede ser la misma)...
Lo mejor es la complicidad entre las dos pibas. Qué afortunadas de haber vivido eso juntas. Cuando la muerte te pega una cachetada pasa igual que con la belleza, uno queda igual de agradecido de la vida. Salud, lectores. y a vivir, que son dos días.

viernes, 11 de enero de 2013

La ficción es amor

Esta foto es del 2004. Me encontré una iglesia evangélica donde antes estaba el cine Trocadero. Ahora van a poner otra iglesia de estas en el antiguo Cine Plaza. Dios es amor, se llama. ¿Amor? ¿Qué carajo sabe ningún dogmático del amor? ¿Somos humanos o amebas? El dogmatismo nunca fue amor. Ponerte en la piel de un pederasta, descubrirte en una escena de incomunicación familiar, imaginarte la posibilidad de viajar al futuro, descubrir que mantener diálogos imaginarios o tener flashes visuales no es una dolencia mental sino una manifestación muy extendida de la fantasía... eso es amor. La ficción es amor.